El acompañamiento a personas que viven pensamientos y/o conductas suicidas es un proceso que no debería recaer en una sola persona o profesional. Es importante que sea un acompañamiento compartido, en el que participen diferentes profesionales, instituciones y también las personas cercanas de confianza: la familia, las amistades y el grupo de apoyo.
En casos de riesgo elevado o cuando ya ha habido intentos previos, es especialmente útil disponer de un Plan de Seguridad, que me gusta denominar Plan de Vida. Se trata de un plan personalizado, elaborado conjuntamente entre el paciente y los profesionales que lo acompañan, y adaptado a su realidad y necesidades.
Este Plan de Vida ayuda al paciente a identificar cómo se encuentra en el día a día. Hay momentos de equilibrio, en los que la persona se mantiene dentro de lo que denominamos la ventana de tolerancia, y otros momentos en los que puede aparecer una activación más intensa (hiperactivación: angustia, agitación) o, por el contrario, una sensación de bloqueo o desconexión (hipoactivación). Según cómo se sienta la persona, se pueden activar diferentes técnicas y niveles de apoyo.
El Plan de Vida se organiza en varias fases
- Fase 1. Estado de equilibrio. Ventana de tolerancia
- Fase 2. Trabajo individual ante las primeras señales de crisis. Hipoactivación o hiperactivación
- Fase 3. Actividades sociales enfocadas a la mejora
- Fase 4. Activación del grupo de apoyo (personas de confianza)
- Fase 5. Acompañamiento profesional especializado
- Fase 6. Atención en centros de urgencias especializados
Este plan no es igual para todo el mundo. Se construye teniendo en cuenta la situación personal y la experiencia individual del paciente, su entorno (trabajo, estudios, actividades), las personas de confianza que tiene a su alrededor y los recursos sanitarios o sociales a los que puede recurrir en caso necesario.
El Plan de Vida es flexible y vivo. Cada vez que se activa una fase, es importante, una vez restablecido el equilibrio, revisar qué ha funcionado, qué ha ayudado y qué se podría hacer mejor. Esto permite adaptar el plan con el tiempo y asegurar que el acompañamiento sea cada vez más adecuado y útil para la persona.